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Wednesday, December 15, 2010

Los espacios del fascismo


¿Es posible de hablar de una concepción fascista del espacio? En estas líneas intentaré argumentar no sólo que sí, sino que la territorialidad es fundamental en la derecha autoritaria, aquella que celebra la violencia represiva y la exclusión espacial de cuerpos considerados inferiores. Los episodios de Villa Soldati son iluminadores para analizar cómo la derecha percibe el espacio, y cómo las ansiedades espaciales de lo que suele llamarse el "centro-derecha" pueden llevar rápidamente a posturas de corte fascista, que dejan de lado toda moderación y celebran abiertamente la violencia y la muerte de cuerpos inferiores-temidos como una fuerza purificadora y ordenadora del espacio.

El viejo dicho de que un fascista es un pequeño burgués asustado es un buen punto de partida, porque enfatiza que lo que llamamos fascismo en el sentido coloquial, como una postura subjetiva-política antes que un aparato estatal-institucional, es un posicionamiento inestable que se solidifica con el miedo (en otras palabras, el "enano fascista" que de repente le sale de adentro a un ciudadano "común y corriente"). Esta expresión suele hacer referencia al temor pequeño burgués a la radicalización de la multitud y a la pérdida de su pequeña parcela de propiedad privada. Pero lo que quiero enfatizar aquí es que éste es además un temor con un claro contenido espacial-territorial: el miedo a una multitud que invade espacios antes considerados seguros, el miedo a que la separación espacial con cuerpos diferentes se disuelva, y que por ende esos cuerpos invadan el espacio propio.

En mi post anterior, analicé cómo el fascismo hecho poder de Estado siempre ha buscado purificar el espacio nacional de cuerpos considerados extranjeros y amenazantes. Por ello, la segregación territorial ha sido el pilar de regímenes de extrema derecha o conservadores: los ghettos judíos creados por los nazis; la reclusión de personas negras dentro de republiquetas títeres en Sudáfrica durante el Apartheid o en ghettos urbanos en Estados Unidos; el hecho de que cuerpos indígenas tenían prohibido acceder al centro de La Paz en Bolivia hasta la década de 1950, entre otros ejemplos. Lo fundamental era mantener una separación espacial entre los cuerpos propios y los cuerpos indeseables y temidos (judíos, negros, indios).



En el pensamiento de corte fascista-autoritario, por ende, el espacio ideal es un todo ordenado y corporalmente homogéneo, con jerarquías espaciales claras (ejemplificadas en una arquitectura de corte monumental) y con límites bien definidos, con un adentro y un afuera, donde lo externo es fuente de temor y amenaza. Pero este espacio idealizado, claro está, es pura fantasía. Todo espacio es poroso y está marcado por múltiples formas de movimiento, ruptura y fluidez, con vectores de movilidad que todo el tiempo socavan distinciones entre un adentro y un afuera. Y por ser una fantasía permanentemente negada por la realidad, esta concepción no puede más que llevar a la paranoia, que como lo analizaran Giles Deleuze y Félix Guattari en Anti-Edipo es un rasgo propio de una subjetividad de corte fascista. En este caso, la paranoia de que cuerpos temidos están siempre al acecho, amenazando el pequeño y frágil espacio de pequeño burgués (que se transforma en un espacio "pequeño pequeño", para parafrasear la película de Monicelli).

Durante los saqueos de 1989, en los momentos finales del gobierno de Alfonsín, en zonas prósperas de San Isidro como la Horqueta, separada del pobrerío de monoblocs sólo por la autopista panamericana, reinaba el terror. Muchos vecinos bloquearon calles con neumáticos y prepararon sus armas listos para repeler la invasión que se venía, pues muchos aceptaban como una realidad los rumores paranoicos de que "se vienen los villeros", como si lo que se venía del otro lado fuera un malón de indios salvajes. Fue en esos mismos días que Mariano Grondona hizo su célebre y desesperado llamado: "hay que sacar los tanques a la calle" (para aniquilar el malón).



Con la ocupación de tierras en el Parque Indoamericano se recrearon similares terrores de corte paranoide sobre la presencia amenazante de un multitud salvaje que de pronto, y sin previo aviso, había quebrado límites espaciales que parecían ser estables. Al igual que en 1989, si uno leía las páginas de La Nación o Clarín o si miraba TN, la sensación era que el sur de la ciudad de Buenos Aires había sido tomado por un malón de extranjeros-indios que había expulsado al Estado de dicho espacio. Por eso, cuando Maurizio Macri declaró que la violencia era producto de una "immigración descontrolada" el mensaje era el de un burgués asustado por lo "descontrolado" del movimiento de cuerpos extranjeros en el espacio argentino. Lo que se había "descontrolado" era una estricta separación entre cuerpos propios y ajenos en espacios con límites bien definidos.



Y esta invasión de tierras y lotes aledaños en los días siguientes, que Clarín, TN y La Nación dramatizaron con titulares totalmente alarmistas (al estilo "¡se viene el malón!"), despertó entre varios sectores terrores paranoicos de que con ello se resquebrajaban los límites espaciales de toda la sociedad. Esta invasión boliviana-paraguaya-negra significaba, por ende, también la ruptura de los límites espaciales que protegen los espacios privados de los hogares burgueses y pequeño burgueses.

Quien tal vez expresó con mayor claridad este temor, y el consiguiente llamado a una violencia civilizadora, fue un tal Javier Miglino, titular de la "Organización Vecinal Defendamos Buenos Aires" al que La Nación le publicó un burdo panfleto titulado "Mañana puede ser nuestra casa". Además de ser un llamado a la violencia contra esos cuerpos intrusos que este hombre presentó como "forajidos" (violencia que, como sabemos, implementaron las patotas asesinas ligadas al macrismo), esta nota es ejemplar de la visión paranoica del espacio. Es claro que para este personaje "defender" a Buenos Aires es una defensa de tipo territorial y horizontal, que debe crear un cerco defensivo y militarizado que impida que los malones de indeseables invadan los espacios de la gente como uno, lectores de La Nación. Y es claro también que su diatriba es un intento de sembrar terror en el alma del pequeño burgués porteño, al concluir: "Hoy es Villa Soldati, mañana puede ser nuestra propia casa".



Sin duda, muchos de los que participan de este miedo discriminador no son pequeño burgueses sino trabajadores empobrecidos, como "los vecinos" de Villa Soldati que llamaban al exterminio de bolivianos y ocupas. Pero esa actitud es inseparable de la usina propagandística de las grandes corporaciones mediáticas y del gobierno eminentemente burgués de Maurizio Macri que desde hace años vienen demonizando la inmigración de países vecinos, que una movilera de Radio Mitre recientemente presentó como "de baja calidad" y que siempre es contrastada negativamente con la inmigración de "mejor calidad" que vino de Europa hace un siglo (ver la excelente nota de Mariana Moyano en Página12).



Pero claro, esa misma gente que idealiza a los inmigrantes tanos y judíos de hace un siglo "se olvida" de mencionar que hace un siglo, esos mismos inmigrantes eran demonizados y asesinados con argumentos idénticos a los utilizados hoy en día para asesinar a ocupas bolivianos en Villa Soldati. Durante la semana trágica de enero de 1919, milicias de jóvenes aristocráticos y fuerzas policiales y del ejército masacraron cerca de mil inmigrantes europeos en las calles de Buenos Aires, muchos de los cuales fueron cazados y ejecutados como animales salvajes. Desde el Estado y los medios dominantes de la época se justificó la masacre como una violencia purificadora y ordenadora del espacio, que buscaba limpiar el espacio de Buenos Aires de cuerpos indeseables, temidos y descontrolados, marcados como judíos-anarquistas-socialistas y sobre todo como "extranjeros".

En Anti-Edipo, Deleuze y Guattari sostienen que el fascista no es simplemente alguien que actúa por haber sido engañado o manipulado sino que es un sujeto que desea ardientemente, y con pasión, estar supeditado al poder protector y violento del Estado. En la Argentina de fines de 2010, se está generando una creciente polarización política en la que el anti-kirchnerismo se está consolidando sobre todo en Buenos Aires como un polo de extrema derecha que clama con pasión por la violencia civilizadora. Es una pasión triste, como diría Spinoza, motivada por su creciente temor al poder de la multitud de controlar el espacio y desdibujar viejas fronteras territoriales.

Saturday, December 11, 2010

La violencia xenófaba en espacios contaminados de extranjeros



La violencia suele ser un acto de disputa territorial, que busca sacar a ciertos cuerpos de determinados espacios. La violencia en Villa Soldati es un claro ejemplo de esta dinámica corporal y espacial, así como lo han sido los recientes asesinatos políticos en la Argentina: Mariano Ferreyra fue asesinado por tratar de cortar vías del ferrocarril marcadas como espacio propio por la patota que lo atacó; y en Formosa, la policía mató a Roberto López con el fin de sacar los cuerpos de indios molestos de un ruta bloqueada.

Pero cuando se trata de una violencia xenófoba-nacionalista, esta dimensión territorial suele agudizarse y adquirir una mística purificadora, pues lo que se busca extirpar violentamente son cuerpos extranjeros percibidos como contaminantes del territorio nacional. No es casual que el fascismo sea afecto a metáforas que enfatizan la limpieza étnica-racial del espacio nacional en sus diatribas paranoicas contra el desorden, suciedad y contaminación traídos por los extranjeros desde lugares temidos.

Todos estos elementos han convergido sobre Villa Soldati como un torbellino de pesadilla: policías y matones armados atacando y matando a ocupantes del descampado del Parque Indoamericano al grito de “¡bolivianos de mierda!” y “¡viva Macri!”. Y desaforados vecinos de la zona agitando banderas argentinas y gritando “¡hay que matarlos a todos!” y “¡vamos Argentina!”



Con un resultado de cuatro personas asesinadas y una enorme cantidad de heridos, esta violencia ha sacado a la luz lo peor de la derecha argentina, que en su expresión mediática e institucional no ha hecho más que incrementar el odio xenofóbico y el espiral de destrucción. La historia del fascismo nos enseña que gente común y corriente no sale simplemente a celebrar al exterminio porque sí o gratuitamente. Lo hace luego de una largo trabajo de bajada de línea mediático-institucional que los predispone a ver al extranjero como un enemigo amenazante. Genocidios como los creados por los nazis en Europa o los extremistas hutu en Rwanda no tuvieron nada de espontáneo, sino que requirieron de años de adoctrinamiento.

Es por ello que las declaraciones xenófobas de Maurizio Macri son particularmente graves, porque antes que condenar el asesinato de personas desarmadas por parte de la policía arremetió contra “los inmigrantes” que se habrían apropiado de un pequeño espacio de la ciudad de Buenos Aires. “Un campamento donde el precio de la tierra se discute en guaraní”, tituló el diario La Nación uno de sus artículos, aportando lo suyo a esta demonización espacial-corporal, que marca a ese lugar como invadido y controlado por una masa informe de cuerpos extraños. Y es indudable que ello contribuyó al incremento de la violencia y a la formación de bandas de forajidos armados que salieron a cazar “bolivianos”, y que ejecutaron a un joven de un tiro en la cabeza tras bajarlo de una ambulancia.

Esta violencia ha sido tan brutal porque además este espacio estigmatizado como boliviano-paraguayo está dentro de un espacio más amplio y muy particular: la ciudad de Buenos Aires. Villa Soldati se transformó en una especie de tumor cancerígeno que amenaza el espacio más blanco de la Argentina blanca y gobernado además por la gran esperanza blanca, Maurizio Macri. El que el espacio en disputa se llame además Parque Indoamericano agrega una dimensión surrealista que pareciera acentuarlo como objeto de violencia xenófoba, como espacio salvaje dominado por esa indianidad que acosa a la Argentina desde fuera de sus fronteras.



Los voceros de la derecha (ver las columnas en tono histérico de Joaquín Morales Solá en La Nación) han acentuado esta imagen de que de repente se formó un espacio de barbarie dentro del territorio nacional y que el Estado no controlaba. Como si lo desolado de dicho lugar no fuera producto de la política neoliberal macrista y como si las policías federal y metropolitana no hubieran descargado un abrumador poder de fuego sobre dicho espacio supuestamente fuera de su alcance.

El intento de purificar el espacio nacional por medio de la violencia sobre cuerpos vistos como extranjeros y contaminantes ha definido buena parte de la historia del fascismo. El Estado nazi buscó hacer de Europa un espacio liberado de cuerpos judíos y gitanos. La extrema derecha hinduista llevó a cabo numerosas masacres de musulmanes en su afán de convertir a la India en un territorio homogeneizado por una sola religión. El Partido Poder Hutu en Rwanda buscó eliminar a los tutsis, vistos como extranjeros venidos de Etiopía, del tejido espacial de la nación. Y recientemente Sarkozy ha sacado por la fuerza, con mejores modales que los nazis pero siguiendo su ejemplo, a cuerpos gitanos del territorio francés.



La Argentina tiene su propia genealogía de violencias presentadas como civilizadoras y purificadoras del espacio nacional, desde las masacres de indígenas, gauchos e inmigrantes alzados hasta el exterminio de “subversivos” y “elementos ajenos al ser nacional” que había que eliminar para hacer florecer a la nación. La derecha que representa Mauricio Macri es la heredera natural de dicha genealogía, como él mismo se ha encargado de hacernos recordar en estos días de violencias civilizadoras sobre cientos de familias que osaron ocupar un terreno abandonado en las márgenes empobrecidas de la ciudad de Buenos Aires.

Sunday, December 5, 2010

Wikileaks as Global Rhizome


By Monday December 6, Wikileaks seems to have substantially recovered from the wave of cyberattacks it sustained the previous week, which had shut down the website on several ocassions. Now there are 507 (and counting) mirror websites of Wikileaks based in domains all over the globe, in New Zealand, Australia, Argentina, Portugal, Germany... More importantly, it seems that most of these mirror websites are being hosted by people originally unconnected to Wikileaks, and who are simply joining forces in a grassroots, expansive global movement aimed at countering state and corporate censorship.

Wikileaks is rapidly turning into a global rhizome, which the US government and its corporate allies may shut down in one node (Amazon) but that quickly emerges in hundreds of new nodes elsewhere on the planet, through a strategy of horizontal expansion and interconnectivity that in being fundamentally decentered, mobile, and elusive defies censorship and cyber-attacks. "A rhizome may be broken, shattered at a given spot, but it will start up again on one of its old lines, or on new lines,” wrote Giles Deleuze and Félix Guattari; and these lines “always tie back to one another."

In my previous blog entry, I highlighted the importance of the spatial location of certain internet domains used by Wikileaks in order to avoid censorship, which have largely concentrated in northern European countries with strong legal protection for free speech.

Yet in his dialogue with readers of The Guardian last Friday, Julian Assange revealed another dimension of the global spatial strategy of Wikileaks, which is to base their domains in countries that they knew would shut them down. In his words, "Since 2007 we have been deliberately placing some of our servers in jurisdictions that we suspected suffered a free speech deficit in order to separate rhetoric from reality. Amazon was one of these cases." Some have seen the brief reliance on Amazon as an expresion of the naive amateurism of Wikileaks activists. But Amazon seems to have been the target of a clever (and eminently spatially-oriented) publicity stunt by Wikileaks aimed at exposing the hypocricy of the US government and US media when it comes to defending "freedom of expression" within the territory of the United States. The message is clear: in that part of the world, the right to freedom of expression is much weaker than most Americans think.

This territorial demarcation was also clear in the move by two major US-based companies, PayPal (owned by e-Bay) and the service-provider Everydns, to sever their connections to Wikileaks last week. This move has spatially shifted the terrain of this cyber-confrontation across the Atlantic and back to Europe, where the private companies that are redirecting Wikileaks online contents are now under intense pressure from the governments of the national spaces in which they are based.

The clearest case is that of France, whose government is working hard to terminate the relationship between Wikileaks and the French companies Octopus and OVH, whose domains partly host the US State Department documents revealed by Wikileaks after the Amazon domain was shut down. But similar, nationally-grounded processes have involved Switch, a non-profit registrar set up by the Swiss government that is also partly hosting Wikileaks and has rejected pressure to take it off the web (previous media reports had erroneously claimed that the Swiss server had stopped its links with Wikileaks).



The very rapid expansion of mirror Wikileaks sites in the last few hours is creating a global rhizome that is harder to crush and control and that reveals a key dimension of the global geographies of cyberactivism. The practice of flooding the web with hundreds of functioning Wikileaks websites is a strategy of spatial opacity, of being everywhere and nowhere at the same time, so that it is harder for government-paid hackers to identify locations vulnerable to cyberattack.

And this spatial opacity brings to mind older patterns of resistance to state power, when fighting oppresive regimes entailed the formation of small collectives of bodies (that could not even dream of computers or internet service-providers) moving around in thick forests. My colleague Hernán Cazzaniga made an illuminating comment on facebook about my previous blog entry on Wikipedia: that Julian Assanges on the run from Interpol is somehow comparable to Che Guevara hiding from the Bolivian Army in the forests of Bolivia, the difference being that Assange is hiding "in a jungle discoursively overinformed that nonetheless requires physical supports in order to sustain that other space."

I like the metaphor of cyberspace as a terrain of struggle that resembles the opaque jungles that in the 20th century provided cover to ragtag guerillas fighting a more powerful yet less flexible enemy. The difference, however, is that state-corporate power controls much of the flows that make up the jungles of cyberspace, in a process in which cyberactivism also entails a struggle to define the shape, content, configuration, and openness of this virtual terrain. A virtual terrain that would vanish into thin air without the physical support created by millions of computers and living bodies based in actual places all over the world.

Big Brother is working very hard, both in China and the US, to make the internet more transparent (less jungle-like) to its Big Eye. But countless people all over the world are working even harder to create a different form of transparency: one that turns dirty state secrets, the ones Big Brother does not want us to know about, into public platforms for democratic debate and accountability.

Friday, December 3, 2010

Wikileaks and the Global Geography of Cyberwarfare



The guerrilla cyberwarfare that currently exists between Wikileaks and the various governments that are desperately trying to crush it reveals the global, fast-paced, dizzying, and irrevocably spatial nature of the confrontations of the 21st century unfolding on the web.

The media tends to present this as a virtual struggle between government and non-government hackers over the control of the information flowing through the non-space of the internet. Yet it is apparent that this is also a confrontation over the control of servers based in myriad places: actual computers anchored in particular national territories, which spread the content of Wikileaks all over the globe through a sophisticated network of allied sites that try to hide those locations.

This is why the main target of the US government and its hackers have been these servers, which Wikileaks activists keep moving around from one country to the next as they are subjected to relentless cyber-attacks.

The geography of the guerrilla cyber-activism of Wikileaks was clear from the start. A Wikileaks team worked on its "Collateral Murder" Video, which documents the murder of civilians in Iraq by the crew of a US apache helicopter, in Iceland, the country with the most strict freedom of information and whistleblowers-protection in the world.



And until recently, Wikileaks has relied on a Swedish internet service-provider which then routed submissions to a server based in Belgium and then to servers in other undisclosed countries with strong legal protection for freedom of expression. But in the past few days the cyber attacks on Wikileaks have been so fierce and sustained, that the website has been effectively shut down and the activists shifted to servers in multiple parts of the planet including the Amazon.com server for a brief moment. After Amazon abided by US pressure last Wednesday, the server shifted to Switzerland for a few hours, and according to the last media reports (December 4) the site is now based in servers located in Holland, Germany, and Finland.



That most of these servers are in northern European countries reveals that there is a consistent spatial thread in this global cyberwarfare, for these national territories provide relatively safer if ultimately fragile havens for cyber-activists. A minister in the government of Ecuador led by Correa announced it offered Julian Assange and his activists a safe haven from international prosecution, but then backed down. The social democracies of northern Europe, in this regard, are the main spaces contributing to shaping the global geographies of these cyber-confrontations by challenging the attempt by the US government to turn the globe into a smooth space for its attempts at censorship. Yet the fact that the Interpol hunt for Julian Assange was initiated by a Swedish court also reveals the fragility of these havens, and the fact that powerful actors within this countries have fully sided with the US.

The move by Amazon and now PayPal to cut any ties with Wikileaks also reveals that this elusive network is under attack by a common corporate-state front that is openly hostile to the idea of a transparent and democratic access to the web. And the overall aim of this move is to restrict the number of actual places from where these activists can do their work.

Meanwhile, Julian Assange is a hunted man, who has been on the move and in hiding for several months. The corporate media and right-wing politicians in the US are presenting him and his fellow activists as "cyber-terrorists" and "enemy combatants" with "blood on their hands" that should be "taken out" by the CIA. The irony is that those responsible for, or complicit with, the murder of countless numbers of men, women, and children in Iraq and Afghanistan are now accusing those denouncing those crimes for having "blood on their hands". George Orwell could as well have written a book called "2010".



Following a trend accelerated by 9/11, the language of "terrorism" is now being used to demonize any type of democratic activism on the web. The US government is increasingly sounding like the Chinese government in this regard, a worrisome move. And the struggle over Wikileaks also involves the attempts by various states to capture an elusive body moving in space, that of Julian Assange.

This is why the cyber-confrontations currently involving Wikileaks are so important for those of us who believe in a democracy not ruled by unaccountable corporate and state power. And it is equally important to keep in mind that this cyberwarfare is an extremely dynamic, mobile, horizontal process over the control of space. A reminder, in other words, that what we call "globalization" or "cyber-activism" involves not only flows of information moving across the world at dizzying speed but also the actual control of mundane spaces: such as computers sitting on a desk somewhere in Iceland, Finland, or Holland.

The struggle for a global democrary, therefore, should include demanding our respective national governments that it is imperative to protect these spaces from state attempts to crush free access to information that concerns us all.

Wednesday, December 1, 2010

El neoliberalismo sigue reinando en los espacios devastados por los agronegocios



Ayer hablé en Radio Continental en el programa de María O'Donnel sobre la violencia que los agronegocios crean en el norte argentino, y tuve un momento surrealista cuando, mientras esperaba para aparecer en el aire, no hacían más que pasar propagandas de productos ligados al cultivo de soja. La soja está en tantos lados que hasta financia nuestro tiempo al aire cuando le damos con un caño.

Además de a los sojeros, apunté no sólo a Gildo Insfrán por la violenta represión en Formosa sino también al gobierno nacional por su silencio, y creo que es claro (como lo han notado varios) que la prioridad política de todos los que estamos consternados por esta violencia es resaltar que el silencio cómplice de Cristina le resta muchísima credibilidad a su postulado de que este es un gobierno distinto, de los derechos humanos y que no reprime la protesta social. Por eso la presencia de Félix Díaz y otros paisanos qom en estos días en Buenos Aires es verdaderamente fundamental para tratar de forzar una audiencia con ella pero además para hacer la protesta más visible en las calles porteñas y en los medios.

Pero es igualmente importante abrirnos del discurso oportunista de las corporaciones mediáticas, que critica a Cristina por esta hipocresía pero no porque quieran que siga dicha política de derechos humanos sino para que la abandone de una vez por todas. Y también me parece importante no caer en la miopía de cierta militancia invalorable pero purista que ve a Cristina como el enemigo a enfrentar, porque ello sería ser ciegos al hecho de que esto ocurre en un momento político muy particular, en el que ella está liderando una transformación del kirchnerismo en algo nuevo y todavía amorfo, pero situado más a la izquierda de lo que era solo unos meses atrás. Si este gobierno fracasara la alternativa "anti-K" en Salta es Alfredo Olmedo, el mayor destructor de montes y familias criollas que nunca haya existido en el Chaco salteño y nuevo miembro del PRO (Va a estar buena Salta). Dado el actual equilibrio de fuerzas en el norte, la alternativa a una política de derechos humanas hipócrita y parcial es una devastación social y ambiental mucho más agresiva y violenta (la política PRO de limpiar el espacio urbano de indeseables con patotas paramilitares pagadas por el estado).

Por eso, es importante demandarle al gobierno que tome una decisión política del calibre de la requerida para confrontar a la Iglesia por la ley de matrimonio igualitario y le empiece a poner un freno a la destrucción y violencia gangsteril creada por los agronegocios. Hay sectores dentro del gobierno que resistirán a muerte dicha movida, empezando por gobernadores como Insfrán en Formosa y Urtubey en Salta. Pero es inaceptable que el discurso de los derechos humanos sólo incluya a ciertos sectores del país y excluya al pobrerío rural, que se está transformando en el cordero sacrificado en el altar del progreso. Por ello es imprescindible expandir los lazos de solidaridad y activismo con los lugares donde viven los criollos y aborígenes que están siendo apaleados y asesinados por empresarios, matones armados y policías a su servicio.

No olvidemos que en La Primavera fueron tanto policías como terratenientes los que dispararon, como si fueran una sola entidad, contra los cuerpos de esos indios salvajes e insolentes que se atrevían a oponerse al saqueo privado y estatal de sus tierras, las mismas donde nacieron y murieron sus abuelos. Violencia neoliberal, Inc. Si hay un lugar de la Argentina en el que la barbarie neoliberal nunca dejó de reinar con impunidad es en los espacios devastados por los agronegocios.